Después del coronavirus, ¿seguirá la inflación?

Billetera vacía(CC 0) Andrew Khoroshavin

Tras la crisis económica y financiera mundial de hace diez años, las expectativas de inflación se dispararon. La razón de los temores era que los bancos centrales de todo el mundo ponían en marcha sus imprentas y abrían los grifos del dinero.

Pero lo que pasó fue lo contrario. Durante años hubo tendencias deflacionarias en los precios al consumidor. Esto se debe a que casi todo el dinero del banco central fue al sector financiero y no a la economía real, en otras palabras, en términos simples, no a la industria automotriz o a los supermercados.

De hecho, sí hubo inflación, pero no en los precios al consumidor sino en los precios de los activos. Las bolsas del mundo han subido a sus máximos históricos en los últimos diez años. El oro se ha vuelto al menos la mitad de caro durante este período. Y sucedió lo que en las clases de economía siempre nos dijeron en la "ley de oferta y demanda", una demanda alta se encontró con una oferta (acciones y oro) baja y resultó en una subida de precios en los mercados financieros.

Diferencias significativas con respecto a 2008

La situación actual difiere de la de después de la crisis financiera en dos aspectos principales. En primer lugar, el grueso de los actuales programas de ayuda no están destinados a rescatar el sector financiero, sino la economía real. Esto significa que el dinero no fluye principalmente hacia los bancos, sino hacia los sectores de manufactura y servicios.

Y en segundo lugar, además del shock de la demanda, esta vez también hay un shock de la oferta. Tomemos a las aerolíneas, por ejemplo: Algunas aerolíneas tendrán que desmantelar permanentemente algunos de sus aviones para reducir sus costos. Además, mientras las personas no sean inmunes al COVID-19 - ya sea por una vacuna o por un contagio - el manejo en los aeropuertos tomará más tiempo que antes. Un avión repleto volando de Europa a América es impensable por el momento. Como resultado, la aeronave permanecerá más tiempo en tierra, lo que supondrá un gasto adicional de los vuelos ofrecidos. Y quizás la distribución de los asientos en el avión tendrá que cambiar, para tener una distancia correcta entre los pasajeros.

Otro ejemplo es el turismo, una industria mucho más grande que las aerolíneas. Incluso si las fronteras se abren ahora gradualmente y se permite la reapertura de los hoteles, no habrá el mismo nivel de ofertas que antes, al menos no este año.

Se esperan serias restricciones, especialmente en el turismo masivo. A corto plazo, las ofertas tentadoras podrían ejercer presión sobre los precios, pero a mediano plazo cabe esperar una menor oferta y un renovado aumento de la demanda.

El petróleo podría ser significativamente más caro

El petróleo tiene una influencia aún mayor en los precios al consumidor. Por lo que un aumento del precio del petróleo tendría un impacto total en la inflación. Esto no es impensable. Porque en la actualidad hay una fuerte reducción de la oferta. Los estados de la OPEP han reducido su producción en un diez por ciento desde principios de mayo, al menos eso es lo que anunciaron.

Los gobiernos y los consumidores facilitarán el dinero

Por otro lado, ahora que la economía se está recuperando, se pueden esperar amplios programas de estímulo del gobierno. Al mismo tiempo, muchos consumidores tendrán grandes sumas de dinero que no gastaron durante la crisis del coronavirus. Es probable que haya efectos de recuperación en el consumo. La creciente disposición a gastar de nuevo se encontrará con una oferta reducida.

Todo esto significa, que 1,000 pesos hoy valdrán menos en cinco o seis meses. En este contexto, los inversores deben centrarse principalmente en los activos tangibles, es decir, en las inversiones de las empresas en forma de acciones y en oro.

Resumen

A diferencia de 2008, esta crisis afecta directamente a la economía real y viene cargada con cambios en los hábitos de las personas que podrían ocasionar una inflación grande en los próximos meses.